domingo, 19 de abril de 2020

Explosión de rabia

Odio, mucho odio. Mi mente se encuentra en un estado de ira hacía todo lo que me rodea, de odio y asco hacía mi, de ver que soy una persona incapaz de no hacer las cosas bien. Quiero desaparecer, dejar de ser visible para la gente. No me preocupa el sentirme solo, porque a veces creo que es lo mejor. Intento obviar cosas que me molestan, pero al final acaban sacándome de quicio y quiero reventar, explotar y decir mil cosas que pasan por mi cabeza. Odio esta parte de mi, esta parte tan desagradable. A veces creo que la única forma de desahogarme es escribiendo, pero muchas veces solo escribo cosas sin sentido o de mal gusto, pero es lo que hay. El día que pueda perder de vista a gente, será un día en el que por fin estaré en paz… O eso quiero creer.

Un intenso despertar.

Se podría decir que aquella noche era una noche fría, de esas que no puedes dormir sin taparte hasta la cabeza con la manta, de esas que más te vale evitar salir todo lo posible de la cama. Aquella noche no podía dormir, no era capaz de pegar ojo y mi mente comenzaba a desvariar. Comencé a sentir un calor sofocante e intenso sin entender por qué, me levanté de la cama y abrí la ventana. Fue algo raro, ya que la temperatura que marcaba el móvil era de 4ºc. Empecé por quitarme los pantalones, nada. Continué con la camiseta, pero aún nada. Me fui al aseo y me metí en la bañera, la llené hasta arriba de agua fría y me metí sin pensarlo dos veces. Al principio fue reconfortante, pero con el paso de los minutos, el agua perdía su efecto y volvía a estar en las mismas. De golpe mi mente empezó a nublarse y me sentí muy cansado. Hice un esfuerzo enorme para salir de la bañera y dirigirme a la habitación. Me tumbé en la cama desnudo, no tuve tiempo para cerrar la ventana ni para ponerme algo de ropa. A la mañana siguiente me desperté un tanto confuso, aunque el día estaba nublado, había un mínimo de sol que asomaba entre las nubes, lo suficiente como para impedirme dormir más. Al abrir los ojos, estaba aún en estado de somnolencia y el recuerdo de lo que había pasado la noche anterior parecía un extraño sueño, un extraño mal sueño. Pero al conseguir despejarme un poco, empecé a notar un poco de frío y comprobé que la ventana estaba abierta. Me levanté a cerrarla y con intención de volver a la cama, pero al darme la vuelta y mirar mi cama, me di cuenta que la sábana estaba un poco deteriorada, al acercarme pude comprobar que estaba quemada, que a lo largo de toda la cama había una quemadura en la sábana que cubría el colchón, el cual también estaba quemado pero en menor medida. No entendía nada, era todo tan extraño. ¿Cómo pudo pasar? Si la noche anterior solo había sido un sueño y nada más. Me dirigí hacía el baño a lavarme la cara, para ver si era capaz de pensar con mayor claridad, pero en el pasillo empiezo a ver marcas de agua en dirección al baño y al llegar me encuentro con que la bañera estaba llena y gran parte del suelo del baño se encontraba mojado. -No puede ser-dije- esto solo era un mal sueño, ¿qué me está pasando? Decidí bajar a desayunar algo, a tomarme mi café de cada mañana para así coger energías. Entre sorbo y sorbo no podía parar de pensar en la noche anterior. Quizás había tenido algún tipo de subidon de tensión o fiebre quizás, aunque demasiado extrema en el caso de ser verdad, no lo sé la verdad. Una vez con algo más de energía me dispuse a limpiar el cuarto de baño. Cuando por fin estaba terminando, me paré un momento un tanto acalorado, me miré al espejo y mi propia figura me parecía extraña, mi pelo castaño, que sin peinar, el flequillo me caía sobre la frente, sentía que ocultaba algo. Seguí mirando mi rostro, esa nariz fina y arqueada, el tono de mi piel, de un tono un tanto más moreno de lo que yo recordaba. Unos labios gruesos y carnosos, que no estaban acostumbrados a sonreír. Unos ojos... unos ojos del color de la miel, que me hipnotizaron firmemente cuando veía en el espejo que cambiaban de color. Me asusté y pensé que aún seguía dormido, pero era imposible. No podía estar encerrado otra vez en un sueño tan extraño y tan real a la vez. Aparté la mirada con miedo y el calor seguía aumentando. Pasé mi mano por la cabeza y me aparte de un movimiento el flequillo de la frente. Al tocarme la frente noté un tacto diferente, algo que antes no estaba ahí. Me asusté. Volví a mirarme al espejo y para mi sorpresa encontré una especie de marca de otro color, pero con un tacto duro y liso, me miré más de cerca y volví a tocar, no se me había pegado nada ahí, “eso” salía de mi piel. Era como una especie de escama, como la de las serpientes, pero más gruesa y dura, de un color gris oscuro, casi tirando a negro. Asustado, no sabía qué hacer, ni a quién acudir. No era capaz de apartar la mirada del espejo y otra vez me volví a encontrar con mis propios ojos, los cuales habían tomado un tono un tanto rojo. En ese momento no fui capaz de pensar nada más y empecé a notar otra vez cómo subía la temperatura en mi cuerpo, comencé a desesperarme y en un triste intento, me acerqué a la bañera con ropa, di el agua fría a toda potencia. No notaba nada, seguía igual… Entonces comencé a ver cómo el agua que caía en mi comenzaba a evaporarse rápidamente. Mi mente no daba a más y en un acto reflejo, comencé a gritar furioso y desesperado. Lo último que recuerdo… lo último que recuerdo es que comencé a ver fuego, por todas partes, por cada rincón y sobretodo, fuego emanando de mi piel, cubriéndome completamente y saliendo sin control de mi.

Khaos.

Supongo que va siendo hora de ser sincero, de expresar todo lo que siento, de no guardar nada para mi mismo y explotar. Pero la verdad es que siempre me costó ser sincero, incapaz de decir con claridad mis sentimientos más negativos, mis ganas de desaparecer, de gritar, de llorar, básicamente prefiero guardármelas, para reventar cuando no hay nadie. En mi mente se encuentran los más oscuros y turbios pensamientos, en los cuales me pierdo por horas y horas, sin poder evadirlos hasta que siento que me va a explotar la cabeza. Soy consciente que soy una persona muy difícil de tratar, incapaz de entender cómo alguien puede sentir un mínimo de aprecio hacia mi, como puedo estar rodeado de tanta gente buena y amable, cuando creo que si conocieran cada pensamiento que pasa por mi mente, huirían y no volverían a hablarme. A pesar de toda esta gente, sigo sintiendo un vacío en mi interior, un vacío doloroso y horrible, que provoca un dolor intenso en mi pecho. Ese vacío no hace más que crecer con el paso de los años, deseando que mi luz se apague y no volver cada mañana, ya que he perdido la cuenta de las veces que he deseado desaparecer, dejar de existir. Me siento mal y siento vergüenza por ello, porque no creo que la vida haya sido dura conmigo, pero aún así, soy incapaz de valorarla lo suficiente. No sé qué pensar ya, pero solo sé que mi mente en un caos constante y perdí la ilusión por todo.